10 cosas que le pueden suceder a una mujer que viaja sola

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Hace un año decidí abandonar la seguridad de mi hogar para viajar por América Latina sin itinerario fijo, sin fecha de regreso, sin mucho dinero y sin compañía (aquello por lo que más de uno pensó que estaba enloqueciendo), aunque  cueste hacerse a la idea de una mujer viajando sola a merced del destino déjenme decirles que no sólo es posible, sino que es más común de lo que imaginan.

Sin embargo, a continuación quiero advertirles sobre 10 cosas que pueden pasarle a cualquier intrépida dama que desee hacer de los caminos su única compañía:

  • Enfermarte en pleno viaje (y que el médico que te atienda se ofrezca a llevarte a tu próximo destino junto a su familia). En La Paz, a causa de una intoxicación alimentaria debí recurrir al médico de confianza del hotel y entre unos días de inyecciones, píldoras, dieta y reposo surgió el tema de llevarme a Copacabana ya que él viajaba en la misma dirección con su familia. Finalmente no lo hice porque abandoné la ciudad no bien me sentí mejor, no sin antes agradecerle el buen gesto a él y a su esposa.
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Un domingo colorido en Copacabana

  • Tener en distintas ciudades familias y “mamás sustitutas” con las que contar. Yo uso una red de intercambio de alojamiento en mis viajes y gracias a ello he tenido la fortuna de hospedarme en casas de familia y apoyarme mucho en aquellas madres que me han cuidado y aconsejado cuando las necesité. Lo que me lleva al siguiente punto:
  • Que una familia te adopte como un miembro más (tanto como para que lleguen a cambiar de lugar sus muebles para acondicionarte una habitación propia). Éste es un punto importante para mí, no sólo para resaltar la hospitalidad de la gente sino por la simple razón de que encontrándote en un país extraño y lejos del hogar, que  una familia desconocida te abra las puertas de su casa y de su corazón, sencillamente no tiene precio.
  • Volverte adicta a los viajes. Sí señor, una vez que empezás, siempre estarás pensando en el próximo destino. Cuidado, que para eso aún no existe la cura!
  • Angustiarte por el trajín del viaje y remediarlo haciendo un tour al lugar más bello que tengas cerca. A mí me ocurrió en Arequipa y me escapé 3 días al Valle del Colca, magnífico!
  • Que te entrevisten en la radio y TV de tu país por tus logros, lo que me lleva al siguiente punto:
  • Inspirar a otros a hacer lo mismo. Fue increíble luego de que las entrevistas salieran al aire, recibir decenas de mensajes de gente expresándome sus inquietudes, consultas, o simplemente saludándome y dando ánimos.
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Camino a la Virgen del Cerro, Salta

  • Sentir miedo… y enfrentarlo! Por mi naturaleza impulsiva decidí viajar a Arequipa de un momento a otro y no me percaté de que llegaría a las 3 am, con frío, sueño y ni la menor idea de dónde alojarme. Cuando llegué a la terminal entré en pánico, pero en el bus repleto de gente local había otros dos turistas. Entonces pensé “Miriam, seguí a los turistas que seguro tienen reserva de alojamiento” y me preparé para subir a un taxi al estilo de “señor, siga a ese auto” y ver hacia dónde iban. Era una buena idea pero los perdí en la terminal y me quedé ahí sola a las tres de la mañana, sin nadie que me esperara (como en las otras ciudades) y ni un nombre de un hostal en mente. Finalmente, respiré hondo, tomé un taxi y, por recomendación del chofer, me alojé en un hotel alejado del centro y que me cobró el doble de la tarifa normal.
  • No cumplir con tu objetivo. Salí de mi casa pensando en hacer voluntariados por toda Latinoamérica y no conseguí ninguno. Y no sólo eso, me sentí tan segura, cómoda y además con ofertas de trabajo que me quedé a vivir en Lima por casi un año. De hecho, éste texto lo escribo desde Lima
  • Aprender a confiar en los demás y en una misma. Es cierto que una mujer viajando sola puede verse y sentirse vulnerable a veces pero la misma experiencia del viaje, cualquiera sea el destino y la manera de hacerlo, brinda seguridad y confianza en una misma. Y al tener que establecer contacto con gente desconocida se aprende a valorar la hospitalidad y amistad desinteresada de quienes se cruzan en nuestro camino.

Por estas diez cosas y muchas más que pueden ocurrirles en sus viajes, a quienes aún tienen dudas les digo: no teman! Cuídense y disfruten que viajar solas les cambiará la manera de ver el mundo y a sí mismas.


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